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  Distocias en aves
 
DISTOCIAS EN AVES

Por Carlos A. xxxxxx
Supervisado por Marcos Núñez Laiseca

Vet. Especialista en Aves, actualmente director veterinario del Centro de Recuperación “El Ardal”, Centro Oficial de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha


“Huevo atravesado” es una expresión comúnmente usada entre los criadores para describir un proceso que poca relación tiene con esta definición, pues en verdad, el huevo nunca se atraviesa ni invierte su posición como en ocasiones sucede en los partos de mamíferos y siempre viene bien posicionado. Por lo tanto, esta expresión se emplea de manera incorrecta.

Más correcta es la expresión “huevo retenido” pues ciertamente es lo que en verdad sucede, como veremos a continuación. Sin embargo, la expresión correcta y admitida en el ámbito científico es la de “distocia” que viene a significar: “dificultad o impedimento para la ovoposición (en el caso de ovíparos), o para el parto (en el caso de vivíparos)”.

Es muy importante para los criadores el irse acostumbrando a conocer y utilizar expresiones correctas y científicas, porque de no ser así, llega siempre el momento en que se encuentren artículos o libros especializados y no logren comprenderlos por este motivo, frustrando así sus expectativas de progresar en sus conocimientos.

La propia concepción de las distocias y sus tratamientos ha evolucionado mucho en los últimos años, y los nuevos conocimientos se extienden rápidamente en los ámbitos científicos especializados, pero llegan muy lentamente a las clínicas generales y más aún a la ornitología deportiva. Por eso, multitud de publicaciones y artículos, aún recientes, se sustentan en conceptos del todo obsoletos en nuestros días.

A principios de los ochenta se publicó el Avian Medicine con aportaciones de diversos autores y representó, de alguna forma, el inicio de la especialización de la veterinaria aviar. Sin embargo, el Avian contemplaba ya multitud de errores veterinarios, fruto de la extrapolación de conceptos aceptados en mamíferos, mejor conocidos, aplicados y dados por buenos en aves, sin considerar por aquel entonces sus particularidades anatomofisiológicas, bien diferentes de los mamíferos e incluso bien diferentes entre unas especies y otras. Dichos errores fueron cayendo por su propio peso con el tiempo, y actualmente la veterinaria aviar moderna se sustenta en principios mucho más rigurosos y avanzados.

El Avian ya contemplaba la problemática de las distocias y lo relacionaba directamente con una deficiente fijación de calcio en la cáscara del huevo y consiguientemente provocando una consistencia blanda de la misma que dificultaba la ovoposición. Sin embargo esta explicación se sustentó por muy poco tiempo pues la experiencia clínica demostró que se producían distocias de igual manera, con independencia del grado de calcificación de la cáscara, y también que una cáscara blanda no representa impedimento alguno para su expulsión.

Esta concepción tan simplista, llevó de igual manera a concebir un tratamiento erróneo, al aplicar el mismo protocolo en aves que se venía utilizando en mamíferos. Así, se admitía como válido el administrar fármacos oxitocínicos (como Methergin) para provocar la ovoposición, de igual manera que se hacía en mamíferos para provocar el parto, ya que la oxitocina en mamíferos provoca las contracciones del útero, así como la relajación del esfínter vaginal.

A principios de los noventa, Forbes y Altman, desaconsejaron el uso de oxitocínicos para provocar la ovoposición, pues comprobaron que su actuación en aves era bien distinta de la que tenía en mamíferos. Los citados autores comprobaron que el segundo de estos efectos no se producía en aves, ya que no provocan la relajación del esfínter vaginal. Así, el huevo es forzado a salir por una “puerta cerrada”, pudiendo provocar la rotura y/o eversión del oviducto, por lo que actualmente está contraindicada. Durante años (y de hecho aún lo oigo decir en ámbitos profesionales) se consideró un fármaco eficaz, dado que gran parte de las distocias se solventan por sí mismas y dado que no siempre se producen estos accidentes. En 1996, Hudelson describe que otra hormona, la Prostaglandina E, actúa de manera similar a la vasotocina arginina, y sí que provoca los efectos deseados en las aves, contrayendo el oviducto y relajando el esfínter vaginal. Desde entonces, este fármaco sustituyó a la oxitocina en el protocolo del tratamiento de las distocias.

Aún así, el concepto causal de las distocias ha continuado evolucionando y M. Casares (U.A.B.) y F. Enders (Loro Parque) publicaron en 1999 un interesante artículo al respecto en la revista Consultavet (de distribución exclusiva para profesionales), que trataré de exponer a continuación, de manera sencilla para su mejor comprensión.

Hoy se admite que la etiología de las distocias es multifactorial, obedeciendo a carencias nutricionales, disfunción muscular del oviducto, puestas crónicas, obesidad, falta de ejercicio, senilidad, enfermedades sistémicas o locales, etc.

Hoy se sabe que el metabolismo del calcio puede estar implicado en las distocias, pero de manera muy diferente a como se comprendía en los ochenta, no siendo siempre la causa principal. El calcio ingerido (en forma de jibón o grit cálcico) requiere de una metabolización previa para ser útil en la formación de la cáscara. Las hembras hacen un acopio muy anticipado de calcio y lo almacenan en determinados huesos de su esqueleto, principalmente en huesos largos (húmero, fémur y tibia), donde, como todos sabemos, está directamente relacionado con la proporción de fósforo y donde tiene una importante función la vitamina D3. Este hecho puede constarse al radiografiar hembras gestantes, donde se aprecia una manifiesta radioopacidad en dichos huesos. Cuando llega el momento de aportar calcio para formar la cáscara, la hembra complementa el calcio ingerido movilizando este calcio almacenado, que pasa al torrente sanguíneo y es llevado al oviducto. La concentración de calcio en la sangre debe estar entre unos valores muy concretos, siendo notablemente elevado en periodo reproductor (hasta 30mg/ml), pues en exceso o en defecto, puede tener graves consecuencias. La Naturaleza sabe hacer este trabajo a la perfección. Por este razonamiento, hoy se admite que el calcio ingerido por vía oral en las 24 horas antes de la puesta, puede carecer de utilidad terapéutica.

Pero el calcio tiene otras muchas funciones, entre ellas interviene en el buen funcionamiento de los músculos, y se requiere una concentración mínima en la sangre para esta función, por debajo de la cual, aparecen dolores y disfunciones musculares, y con ello, el oviducto es incapaz de contraerse por sí mismo. Si esto sucede durante la formación del huevo, éste queda retenido, inmovilizado, y cesa su formación y descenso hacia la cloaca, independientemente de que el huevo esté calcificado o no. Así pues, el verdadero problema no deviene de la calcificación o no de la cáscara, si no de la concentración de calcio en sangre (hipocalcemia).

Aún así, concurren otros muchos factores en la formación del huevo y su ovoposición. Y para comprenderlo, tenemos que comprender antes el inmenso esfuerzo metabólico que representa para la hembra el producir un huevo, que en resumen es un combinado de agua (70%), proteínas, grasas, hidratos de carbono y minerales, equivalentes aproximadamente a casi el 10% de su peso corporal. Y esto ha de producirlo en a penas 24 horas (según especie). ¿De donde aporta la hembra todos estos nutrientes? La respuesta es bien sencilla: de su ingesta y de sus propias reservas corporales, que son movilizadas y trasportadas por la sangre hasta el oviducto. Si una de estas sustancias se agota de las reservas de la hembra, su concentración en la sangre estará bajo mínimos, con las consiguientes consecuencias fisiológicas. Así, la hembra podrá deshidratarse, una de las causas más frecuentes, pues se empecina en no abandonar el nido y con ello no ingiere suficiente cantidad de agua para reponer la que ha aportado en la formación del huevo anterior. O padecer de hipoglucemia, por agotar sus reservas de glucosa. O de hipocalcemia, por agotar la concentración de calcio en sus huesos y posteriormente en sangre. O de otras muchas cosas.

Es decir, la distocia se produce como consecuencia de un “agotamiento” metabólico del ave, al agotarse sus reservas propias de diferentes sustancias en la formación del huevo.

La deshidratación, sea la causa primaria o secundaria, aparecerá siempre en cualquier caso, y va a provocar inexorablemente el éstasis (parada metabólica) de distintos sistemas, y uno de los primeros en verse afectado será el reproductor. La hipoglucemia evidenciará un agotamiento del imprescindible aporte energético para las funciones metabólicas, y el resultado será el mismo. Al igual sucederá con la hipocalcemia.

Con la deshidratación además se detendrá la producción de flujo lubricante, necesario para la movilidad del huevo, y esto provocará además la adherencia del huevo a la pared del oviducto, complicando aún más la situación. Todas estas posibles causas metabólicas provocan la misma situación, el éstasis del sistema y la detención de la formación y el avance del huevo, y posteriormente, una serie de reacciones en cadena que harán fallar los demás sistemas orgánicos, causando lo que se denomina “fallo multiorgánico” y consiguientemente la muerte. El ave afectada presentará signos inespecíficos, pero de manifiesta gravedad (letargia, embolamiento, ojos sin brillo, hipotermia, shock, etc.). El ave no morirá por ser incapaz de expulsar el huevo, si no por las sucesivas y progresivas cascadas de reacciones que deteriorarán sus valores fisiológicos.

En muchas ocasiones, la hembra conservará aún sus últimas fuerzas para expulsar el huevo, aún con la cáscara blanda y sin terminar de formar, lo cual no es en ningún caso un impedimento mientras no se hayan producido adherencias. Si hemos administrado algo o hemos hecho tal cosa, creeremos en su eficacia sin más.

Según esto, ¿Cómo deben tratarse las distocias?

Lo que no se debe hacer:

- Nunca forzar la expulsión del huevo manualmente. Si se hubieran llegado a producir adherencias, esta técnica podría causar desgarros en el oviducto, e incluso su eversión al exterior. También se ejerce una gran presión sobre los sacos aéreos abdominales que puede impedir la respiración y el ave podría morir por asfixia durante el proceso. Aplicar aceite en el abdomen carece de cualquier sentido, pues lo que hay que lubricar, en todo caso, es el conducto ovopositor.

- Nunca administrar fármacos oxitocínicos, pues están contraindicados, como se explicó anteriormente.

- No aplicar baños de vapor que pueden causar quemaduras e hipertermia, agravando aún más el cuadro.

Lo que sí se debe hacer (indicaré el protocolo que seguiría cualquier clínico especialista que se precie):

En primer lugar, siempre se debe evaluar el ave, especialmente su estado de hidratación, y realizar una radiografía para determinar el grado de calcificación del huevo y el número de huevos implicados, con lo cual obtendremos una idea fiable de la situación.

El paciente de distocia siempre se encuentra en estado crítico, con sus valores hematológicos muy afectados (hipovolemia, hipotensión arterial, hipocalcemia, hipoglucemia, acidosis metabólica, etc.).

El clínico, deberá instaurar una terapia encaminada a devolver a esa ave su estado fisiológico normal, poniendo “en marcha” de nuevo su metabolismo, aportando los fluidos necesarios para ello por vía parenteral (intravenosa o intraósea en el caso de grandes aves, y subcutánea en el caso de pequeñas). La vía parenteral permite que los fármacos administrados pasen inmediatamente al torrente sanguíneo, rectificando así sus valores de manera rápida y eficaz. La vía oral será escasamente eficaz, como consecuencia del éstasis de los sistemas, impidiendo su paso a la sangre. Dichos fluidos (fluidoterapia) deberán contener:

- Agua y lactato sódico (más otros iones fisiológicos; Suero Lactato de Ringer Braun). Con ello se repone la hidratación y se rectifica la acidosis.
- Dextrosa (un azúcar de rápida metabolización que aportará energía rápidamente disponible)
- Aminoácidos (imprescindibles para los procesos metabólicos)
- Vitaminas del grupo B, ya que intervienen en la mayoría de dichos procesos.
- Calcio inyectable en forma de gluconato cálcico y lactato cálcico, de absorción rápida, que corregirá la hipocalcemia (en sangre).
- Un antibiótico de amplio espectro, como profilaxis para una posible infección consecuencia de todo el proceso, especialmente salpilgitis (infección del oviducto).

Con este tratamiento será suficiente para salvar la vida del ave en el 90% de los casos, donde comprobaremos que la hembra es capaz de expulsar el huevo simplemente al reponer sus reservas y reactivar las funciones metabólicas. Si transcurridas 24 horas, no se obtiene la expulsión espontánea del huevo, será hora de aplicar Prostaglandina E en gel, mediante cánula por vía intracloacal (es necesario conocer bien la anatomía de la cloaca para realizar correctamente esta labor). Si aún así no se resolviese, habrá que extraer el huevo por medios quirúrgicos (ovocentesis), previa sedación del ave con isofluorano. El abordaje de la ovocentesis dependerá de la situación del huevo, y puede realizarse por vía intracloacal o bien mediante incisión del peritoneo, en todo caso implosionando el huevo y absorbiendo su contenido, retirando cuidadosamente los restos de la cáscara. Por vía intracloacal será necesario el empleo de un espéculo dilatador que se introducirá en la vagina y a través del cual se podrá operar, minimizando el riesgo de lesiones. La cáscara es fácilmente reabsorbida y no se hace necesaria su extracción completa y aunque existe riesgo de lesión del oviducto por los fragmentos rotos, parece poco frecuente (Joyner 1994). Siempre se impone un tratamiento antibacteriano profiláctico.

En ocasiones, las hembras logran sobrevivir sin llegar a expulsar los huevos durante algún tiempo prolongado. Normalmente cuando la formación del huevo se detiene en las primeras fases y consiguientemente con aún escaso tamaño. Estos huevos se deshidratan y momifican, al ser parcialmente absorbidos por el oviducto. Pero estas hembras nunca vuelven a ser fértiles y su vida suele acabar como consecuencia de una salpingitis o incluso peritonitis.

En otras ocasiones, el óvulo fecundado no se aloja correctamente en el infundíbulo, originando lo que se denominan huevos ectópicos (en realidad nunca llegan a ser verdaderos huevos) y terminan por ser causa de peritonitis. Su extracción se realiza mediante endoscopia.

Estos protocolos descritos, son una práctica habitual en las clínicas especializadas (normalmente dedicadas a grandes psitácidas o rapaces), pero obviamente, requieren de profundos conocimientos para administrar las dosis correctas de cada sustancia en cada caso concreto, y de técnicas e instrumentos que no están al alcance del criador. Por lo que la siguiente pregunta se hace inevitable:

¿Realmente, que es lo que el criador puede hacer ante una distocia?

En primer lugar, prevenirla. Se ha demostrado que la luz solar está involucrada en la metabolización de la vitamina D3, y ésta a su vez en la del calcio, relacionado también con el fósforo (el hueso de jibia contiene ambas sales minerales, y otras mas). Los criaderos que carecen de luz solar son más propensos a padecer distocias que los aviarios exteriores o donde la luz natural entra directamente (sin cristales). De otro lado, proveer a nuestras aves de alojamientos de dimensiones suficientes que propicien el desarrollo del ejercicio físico y, en la manera de lo posible, el vuelo. El vuelo es una necesidad fisiológica, que mantiene su musculatura debidamente tonificada. En mi opinión, las aves deberían de ser mantenidas en jaulas de al menos 3 metros de largo, y las jaulas de cría de 1 metro de largo sólo deberían de ser ocupadas por una pareja reproductora, posibilitando así pequeños vuelos. Por último, velar por una alimentación equilibrada y adaptada a cada ciclo biológico.

Pero llegado el caso real de una distocia, desde la concepción anteriormente expuesta y aplicando un criterio científico estricto, realmente es muy poco lo que el criador puede hacer. Para nuestro consuelo, podemos administrar calcio y glucosa en el agua de bebida, y mantener al ave en un ambiente tranquilo, con escasa luz, a temperatura elevada (30º-32º) y elevar la humedad. También podemos aplicar en el interior de la cloaca una solución lubricante aséptica, como por ejemplo vaselina aséptica, o mejor aún, un gel de agua y glicerina, similar al que se usa en las ecografías (el agua ayudará a evitar las adherencias y la glicerina aportará lubricación). Podemos realizar masajes abdominales en dirección caudal, pero sin intentar forzar la salida del huevo, con el propósito de liberarlo de adherencias y movilizarlo. Con estos básicos cuidados sólo nos quedará dejar que la Naturaleza haga su trabajo y confiar en la fortaleza de la hembra para salir de este apuro. En mi opinión, cualquier otra actuación carece de sustentación clínica y reportará graves riesgos para el pájaro.

Se que es muy frustrante para los criadores no poder disponer de una “receta” salvadora para estos casos, y también se que necesitamos hacer algo para ayudar a un pájaro en apuros, pero la realidad es sólo una, y es que incluso en los hospitales más avanzados mueren personas a diario. Por eso, mi recomendación siempre irá encaminada a recurrir a los especialistas en aves, porque éstos siempre actuarán con mejores criterios que el más avezado de nosotros. Aunque una vez más, admito que no siempre es esto posible.

 
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